martes, 17 de marzo de 2015

Continuara

En un tiempo donde la esperanza había desaparecido, la alegría comenzaba a extinguirse y el amor era un milagro que la gente lo anhelaba día a día, nació la luz que iluminaria a la raza humana y la ayudaría a levantarse para comenzar el cambio que tanto estaban deseando. Pero antes de hablar del final de la historia empecemos con el declive de este mundo.
En el año 2010 la presidente de los Estados Unidos Christine Margot había perdido a su hijo en una batalla contra el cáncer, entrando a un mundo de desolación y desesperanza que la llevaría a crear un virus que destruiría nuestra raza.
Todo comenzó en el funeral de Andrew (hijo de Christin), cuando el biólogo experto en armas bioquímicas Philip Kenner se le acercó y le dijo.-Presidenta si quiere que nunca más muera un niño por una enfermedad, llámeme a esté número y no se arrepentirá. Diez palabras que retumbaron en la mente de la presidenta en todo el funeral político, un tiempo eterno que para ella se transformó en el proceso de una obsesión. 
Philp lo había logrado, la presidenta sabía quién era y por fin alguien iba a reconocer su legado y comenzar el cambio hacia una humanidad utópica donde las enfermedades sean un sueño.
Eran las 5 de la mañana y ella no podía dormirse, la voz del científico estuvo resonando en su cabeza desde el momento que el hablo, una esperanza para su tristeza, un opción de felicidad hacia su dolor pero sobre todo un calmante ante su desesperanza. Conto las horas para poder llamarlo y suspiro para que todo sea algo real no otra esperanza escondida la locura humana.
Philip se había quedado dormido en la computadora, cuando una llamada lo despertó, el numero era desconocido- su paranoia lo alerto, sin imaginarse quien le esperaba al otro lado de la línea. Era la presidenta queriendo ir a visitar su laboratorio ese mismo día, para saber más de la promesa que le había hecho. Sin pensarlo concertó una cita, nervioso por el comienzo de la nueva etapa de su vida.
Sabía Que tenía que enseñarle en un hora, su hipótesis que cambiaría el sentido de la vida como se conocía hasta ese momento.

Christiene llego a la hora pactada y se sorprendió el lugar que el laboratorio representaba, un edificio gótico sin luz, un lugar oscuro. Lo que más le sorprendió fue los artículos de mitología y de religión que indicaban que para llegar a la utopía había que deshacernos de los débiles. No quiso llegar a conclusiones erradas y paso por alto las señales del error que estaba por cometer. 
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